martes, 10 de abril de 2018

Otra vez

Entre diente y diente
guardo todo aquello que no me dije
por miedo a no poder borrar mi antecedente
y a dejar que me desfije

Y, sin embargo, me he dejado postergar
he encerrado todo aquello que me hacía ser quien era
y me ha consumido hasta matarme.
Apuñalar, desangrar, desgarrar, asfixiar.

Me he perdido.
Pero no yo, sino a mi.





domingo, 1 de abril de 2018

miércoles, 21 de marzo de 2018

Sadness_1

You are the clear example of bitterness.

I stood right next to you all through out your difficult moments. Remember when nobody else wanted to hear about your problems? When you told me about your deepest secrets and I told you I’d always be there for you? When I said that you had to be strong, ‘cause you deserved it? ‘Because you deserved everything.

Eventually, we got to stop talking to each other for a while. Whose mistake was that? People can talk and invent –they’re born to this-, but you and I are the only ones who really know what our friendship has meant. And I just can’t believe I’m now writing this. To me. Because we both know that you’ll never read it and, in case you do, you’re now far away from understanding my words.

I know I was wrong. All of us are born to live, but also to learn. My mistakes are clear, and I’m sorry for them. I know you’re aware of that, because I’ve always been the one who’s had to feel sorry. Not trying to recriminate, really. I’m being honest: when I said ‘sorry’, I really meant it. But sometimes sorry is not enough.

And now, when none of us want to say the words ‘I’m sorry’, I realised long ago that it’s because there’s no need in blaming each other.

In fact, I’m going to confess that I had a huge problem with myself –that I still have -, and I’m dealing with more than an issue right now. But I just didn’t see your bomb coming. I guess I thought you were by my side. I really thought I could trust you. I appreciated you a lot, as a friend. I really did. It is your choice whether to believe me or not. You never explained why you were mad at me. Not a call nor a message. I had to wonder it all by myself and with some other people’s help. I got to say it wasn’t fair. Not even to you.

You can’t say I never tried, because I did try. It’s really not my fault that you didn’t want to hear (or read) me, I was as honest as I could’ve been.

I don’t know why you have to do things so difficult. I never asked for apologies. Most of the times, I’m un-selfish, but I’ve got lots of things on my mind, and it breaks my heart to do this, but crawling back to what once was a friendship and now isn’t is not something that will benefit me. I have to take care of myself, too.

And if you ever write me, or call me, or come and see me, I will be very glad. But this is about two, and there is only one person trying.


<<Who you are is not what you’ve been. Taylor Swift, ‘Innocent’.>>

domingo, 4 de febrero de 2018

A enero

A enero,

No te voy a llamar querido, pero sí te daré las gracias.

Empezaste haciéndome llorar y acabaste haciéndome reír.

El mismo día 1 me diste muchas lecciones que no entendí en su momento, pero que asimilo y comprendo ahora. Todo comenzó con unas personas que pensaba que estarían ahí, que me escuchaban, que me entendían y que me apoyaban. No han tenido que pasar ni 31 días para darme cuenta de que todo eso era un teatro. Nunca mejor dicho.

Por supuesto, me he equivocado muchísimo. He confundido libertad con derecho y he dado cosas por hecho. Ahí englobaría mis dos grandes errores.
Me he permitido explorar mis límites sin preguntarme si los límites de los demás eran los mismos. Lo cuál es lo mismo que decir: la he cagado sin opción a disculpa.
¡Pero que no se pierdan las tradiciones! Yo siempre tengo que pedir perdón. “Dos no se pelean si uno no quiere”. Y si dos personas acabaron por no hablarse, es porque ambas lo quisieron así. Llámalo orgullo, llámalo cansancio o llámalo como quieras. La cuestión es que, como he dicho antes, no hay mucha más opción de volver atrás. Lo cuál quiere decir, de nuevo, que “dos no se perdonan si uno no quiere”.
Pero yo sí voy a disculparme. Lo he tenido siempre por costumbre, y es que siempre he creído que, dada la naturaleza del ser humano testarudo y orgulloso, alguien tendría que dar el primer paso. Y recuerdo perfectamente la situación que se dio para decidir que yo sería así. Pero ya hablaremos de eso en otro momento.
Ahora quiero pedir perdón a aquellas personas que se sintieron defraudadas por mi o, mejor dicho, por mis acciones y opiniones. Recientemente he leído que hay que dividir lo que es una persona de lo que piensa y hace esa misma persona. De esta manera evitamos sentirnos ofendidos por, simplemente, opinar diferente.
Por otro lado, sé que a veces he sobreentendido las cosas por miedo a hablar demasiado. He empezado a analizarme y me he dado cuenta de que hablo bastante, y muchas de las cosas que digo son completamente irrelevantes. Creo que empezaré un proceso de cambio para los próximos once meses que quedan. Y si algún día tengo la oportunidad de hablar con la otra mitad de personas que he perdido por este segundo error (compartido con ellos, debo decir), intentaré resumirles porqué hice lo que hice y no lo que ellos esperaban que yo hiciera. Casi podría pedirles lo mismo, pero no espero nada de nadie ya. Nuevamente, pero ya no con tantas ganas, perdón.

Obviamente, estoy pensando en personas concretas. Ya sé que es fácil equivocarse cuando el grupo de personas defraudadas y el grupo de personas defraudadoras se parecen tanto. Hay grandes matices, en realidad. Y me tomo la libertad de decir que la autora tiene todas las verdades a la disposición de todo el que quiera tomar un café y conversar.

Y después de hablar, bastante por encima, de lo que resume la parte más oscura exterior de mi enero, hablaré, brevemente, de lo interior. Enero ha sido el mes en que más me he odiado. Sin entrar en detalles, porque nadie los necesita y nadie ha querido necesitarlos, me van a quedar cicatrices en el cuerpo y en el alma. Y esperemos que solo sean cicatrices.

Pero enero también ha traído cosas buenas. Cuesta verlas, y esto es algo que también he oído recientemente: nos quedamos siempre con lo malo. Mi relación social (o mejor dicho, antisocial) con el mundo me ha ayudado a encontrar una gran luz. La familia es lo primero, y yo he descubierto qué parte de la familia es lo primero y qué parte es lo segundo. Parecía que no, pero incluso aquí podría escribir sin cansarme de la decepción que me he llevado por una parte. Quiero hablar de ello más adelante.
Como iba diciendo, voy a dar las gracias a alguien muy especial. Es tan y tan especial, que voy a romper mi norma número 1 (la que cubre bajo anonimato a todas las personas a la cuales he dedicado publicaciones), y me permito decir quién es: mi madre. Ella ha vivido de cerca todo lo que me ha ocurrido. Ha estado allí para ayudarme, incluso cuando no sabía cómo, y ha confiado en mi cuando yo no podía. No tengo palabras para describir lo mucho que la quiero y lo agradecida que estoy. Cuesta escribir esto sin emocionarse.

Este primer mes he descubierto mucha música. O mejor dicho, redescubierto. ¿Sabes esas canciones que has escuchado toda tu vida pero que nunca has podido entender? Pues ahora las entiendo. Canciones de desamor, de amor, de muerte, de vida, de esperanza y de personas rotas. Todas ellas me han aportado, de alguna manera u otra, un poco de historia de contar.

Y hablando de vida, también ha sido mi cumpleaños. Ha sido, definitivamente, el cumpleaños más triste de mi vida. Más allá de las emociones que pudiera sentir en ese momento, pensarlo ahora me produce un malestar nuevo para mi. No es angustia, no es ansiedad, no son ganas de llorar. No es nada de eso. Es una tristeza muy profunda que se te clava en el alma. He decidido que yo sí que haré especiales los cumpleaños de los demás, porque he comprobado lo que se siente cuando el orgullo supera el querer que alguien sea feliz en un día tan especial. Al final, aun que desees un “feliz cumpleaños”, parte de esa felicidad te la quedas tú. Es gratificante.

Por otro lado, hay que cortar las risas y la diversión para hablar de algo muy importante: la música. He pasado un mes horrible en cuanto a estrés, nervios y tensión. Sentía que, dando lo mejor de mi, no estaba obteniendo ningún resultado positivo, los exámenes se me venían encima, el bachillerato no ayudaba, perdía las horas de sueñ0, mi situación sentimental me hacía estar peor y no había nadie para solucionar un problema que era tan mío. De alguna manera me habían avisado de que esto pasaría, de que no estaba acostumbrada. Pero peco siempre de creer demasiado en mi misma, y no tengo súper poderes. De los errores se aprende, supongo. Aun así, me ha servido para establecer unos objetivos muy claros. Ahora sé quién quiero ser y como llegar a serlo.

Quiero concluir esto diciendo que, pase lo que pase, ahora estoy bien, y tengo a personas a mi lado que me quieren. Son pocas, soy muy consciente, y también sé que todavía falta gente por llegar y por irse. Pero no tengo nada que envidiar a nadie. Es más, hay mucha gente que si hiciera este análisis que he hecho yo llegaría a conclusiones peores. Es sano chocarse con la realidad que nos rodea. Nos ayuda a ser mejores personas y a alejar a las personas tóxicas en la medida de lo posible.

Algún día nos arrepentiremos. Todos. Y digo “todos”, pero me voy a excluir, porque yo sé perfectamente mis errores. El karma devuelve las hostias, y a mi ya me las ha devuelto. Escribo esto con una gran sonrisa, porque es la mejor hostia podría haber recibido. Soy feliz y, aunque no sé por cuánto más tiempo diré esto convencida, espero que cuando llegue el momento de negarlo (que por descontado que llegará), sea capaz de lidiar con el problema lo más individualmente posible. Gracias, enero.

P.D.: Solo quiero añadir que no estoy dispuesta a prometer que yo no estaré ahí para los que no han estado para mi. Me considero una buena persona, y si estoy por alguien será por mi bienestar personal. Porque me gusta ayudar a la gente. Porque yo no soy ningún karma, yo soy un humano.