domingo, 6 de mayo de 2018

Día de la madre.

Hace unos días, me preguntaron en terapia: “¿y qué tal con tu madre?”.
La pregunta me sorprendió, porque nunca se me había ocurrido, y dudé unos segundos sobre qué contestar. Podría haber dicho cualquier cosa para quitarme el asunto rápidamente de encima, haberme enrollado explicándole lo que valoro de ella o haberle mentido. Incluso podría haberle dicho las cosas que me molestan de mi madre.
Pero mi respuesta fue la mejor que podría haber dado:

Mi madre es perfecta.

Es una de las personas más fuertes que conozco. Es mujer, es trabajadora, es ama de casa, es madre de tres hijos y una guerrera. A pesar de sus circunstancias, se levanta cada día por y para nosotros, hace lo imposible para que nuestras vidas sean más fáciles y nos quiere. Muchísimo.

Mi madre, la persona que me ha llevado dentro durante casi nueve meses y que, a pesar de venirle por sorpresa, decidió seguir adelante con un embarazo a sabiendas de todo lo que se estaba perdiendo. La persona que me ha visto reír, la que se ha enfadado cuando ha tenido que hacerlo, la que ha trabajado todos y cada uno de los días para hacerme feliz incluso si su salud no era la mejor y la que ha hecho su papel lo mejor que ha sabido. Sin ningún manual.
La persona que me ha aconsejado todos los cambios de pelo, que me ha dado la mano en todos los análisis de sangre, que me ha enseñado la importancia de luchar por ser alguien en la vida, que ha sacrificado tiempo de ella para mi y que me ha cedido toda su ropa cuando se la he pedido. Que me ha pedido pañuelos en el cine con películas romanticonas y otras más infantiles. Que me ha llevado de compras y ha asegurado que, aquello con lo que yo me veía comida por mis complejos, me quedaba estupendamente.

Ella, que me ha visto llorar siempre, y siempre ha estado conmigo. Que me ha ayudado a buscar las soluciones, y se ha quedado para mi cuando no las ha habido. Que me espera despierta los lunes por las noches cuando llego tarde de clases. Y que también me espera los sábados a las cuatro de la mañana para que llegue bien. La que me ha visto sollozar por algunas personas, y ha puesto su pecho y sus brazos como refugio.

Nunca podré agradecerle suficiente todo lo que ha hecho y sigue haciendo por mi.

Mi madre es simplemente perfecta. Te quiero, mamá.

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