domingo, 4 de febrero de 2018

A enero

A enero,

No te voy a llamar querido, pero sí te daré las gracias.

Empezaste haciéndome llorar y acabaste haciéndome reír.

El mismo día 1 me diste muchas lecciones que no entendí en su momento, pero que asimilo y comprendo ahora. Todo comenzó con unas personas que pensaba que estarían ahí, que me escuchaban, que me entendían y que me apoyaban. No han tenido que pasar ni 31 días para darme cuenta de que todo eso era un teatro. Nunca mejor dicho.

Por supuesto, me he equivocado muchísimo. He confundido libertad con derecho y he dado cosas por hecho. Ahí englobaría mis dos grandes errores.
Me he permitido explorar mis límites sin preguntarme si los límites de los demás eran los mismos. Lo cuál es lo mismo que decir: la he cagado sin opción a disculpa.
¡Pero que no se pierdan las tradiciones! Yo siempre tengo que pedir perdón. “Dos no se pelean si uno no quiere”. Y si dos personas acabaron por no hablarse, es porque ambas lo quisieron así. Llámalo orgullo, llámalo cansancio o llámalo como quieras. La cuestión es que, como he dicho antes, no hay mucha más opción de volver atrás. Lo cuál quiere decir, de nuevo, que “dos no se perdonan si uno no quiere”.
Pero yo sí voy a disculparme. Lo he tenido siempre por costumbre, y es que siempre he creído que, dada la naturaleza del ser humano testarudo y orgulloso, alguien tendría que dar el primer paso. Y recuerdo perfectamente la situación que se dio para decidir que yo sería así. Pero ya hablaremos de eso en otro momento.
Ahora quiero pedir perdón a aquellas personas que se sintieron defraudadas por mi o, mejor dicho, por mis acciones y opiniones. Recientemente he leído que hay que dividir lo que es una persona de lo que piensa y hace esa misma persona. De esta manera evitamos sentirnos ofendidos por, simplemente, opinar diferente.
Por otro lado, sé que a veces he sobreentendido las cosas por miedo a hablar demasiado. He empezado a analizarme y me he dado cuenta de que hablo bastante, y muchas de las cosas que digo son completamente irrelevantes. Creo que empezaré un proceso de cambio para los próximos once meses que quedan. Y si algún día tengo la oportunidad de hablar con la otra mitad de personas que he perdido por este segundo error (compartido con ellos, debo decir), intentaré resumirles porqué hice lo que hice y no lo que ellos esperaban que yo hiciera. Casi podría pedirles lo mismo, pero no espero nada de nadie ya. Nuevamente, pero ya no con tantas ganas, perdón.

Obviamente, estoy pensando en personas concretas. Ya sé que es fácil equivocarse cuando el grupo de personas defraudadas y el grupo de personas defraudadoras se parecen tanto. Hay grandes matices, en realidad. Y me tomo la libertad de decir que la autora tiene todas las verdades a la disposición de todo el que quiera tomar un café y conversar.

Y después de hablar, bastante por encima, de lo que resume la parte más oscura exterior de mi enero, hablaré, brevemente, de lo interior. Enero ha sido el mes en que más me he odiado. Sin entrar en detalles, porque nadie los necesita y nadie ha querido necesitarlos, me van a quedar cicatrices en el cuerpo y en el alma. Y esperemos que solo sean cicatrices.

Pero enero también ha traído cosas buenas. Cuesta verlas, y esto es algo que también he oído recientemente: nos quedamos siempre con lo malo. Mi relación social (o mejor dicho, antisocial) con el mundo me ha ayudado a encontrar una gran luz. La familia es lo primero, y yo he descubierto qué parte de la familia es lo primero y qué parte es lo segundo. Parecía que no, pero incluso aquí podría escribir sin cansarme de la decepción que me he llevado por una parte. Quiero hablar de ello más adelante.
Como iba diciendo, voy a dar las gracias a alguien muy especial. Es tan y tan especial, que voy a romper mi norma número 1 (la que cubre bajo anonimato a todas las personas a la cuales he dedicado publicaciones), y me permito decir quién es: mi madre. Ella ha vivido de cerca todo lo que me ha ocurrido. Ha estado allí para ayudarme, incluso cuando no sabía cómo, y ha confiado en mi cuando yo no podía. No tengo palabras para describir lo mucho que la quiero y lo agradecida que estoy. Cuesta escribir esto sin emocionarse.

Este primer mes he descubierto mucha música. O mejor dicho, redescubierto. ¿Sabes esas canciones que has escuchado toda tu vida pero que nunca has podido entender? Pues ahora las entiendo. Canciones de desamor, de amor, de muerte, de vida, de esperanza y de personas rotas. Todas ellas me han aportado, de alguna manera u otra, un poco de historia de contar.

Y hablando de vida, también ha sido mi cumpleaños. Ha sido, definitivamente, el cumpleaños más triste de mi vida. Más allá de las emociones que pudiera sentir en ese momento, pensarlo ahora me produce un malestar nuevo para mi. No es angustia, no es ansiedad, no son ganas de llorar. No es nada de eso. Es una tristeza muy profunda que se te clava en el alma. He decidido que yo sí que haré especiales los cumpleaños de los demás, porque he comprobado lo que se siente cuando el orgullo supera el querer que alguien sea feliz en un día tan especial. Al final, aun que desees un “feliz cumpleaños”, parte de esa felicidad te la quedas tú. Es gratificante.

Por otro lado, hay que cortar las risas y la diversión para hablar de algo muy importante: la música. He pasado un mes horrible en cuanto a estrés, nervios y tensión. Sentía que, dando lo mejor de mi, no estaba obteniendo ningún resultado positivo, los exámenes se me venían encima, el bachillerato no ayudaba, perdía las horas de sueñ0, mi situación sentimental me hacía estar peor y no había nadie para solucionar un problema que era tan mío. De alguna manera me habían avisado de que esto pasaría, de que no estaba acostumbrada. Pero peco siempre de creer demasiado en mi misma, y no tengo súper poderes. De los errores se aprende, supongo. Aun así, me ha servido para establecer unos objetivos muy claros. Ahora sé quién quiero ser y como llegar a serlo.

Quiero concluir esto diciendo que, pase lo que pase, ahora estoy bien, y tengo a personas a mi lado que me quieren. Son pocas, soy muy consciente, y también sé que todavía falta gente por llegar y por irse. Pero no tengo nada que envidiar a nadie. Es más, hay mucha gente que si hiciera este análisis que he hecho yo llegaría a conclusiones peores. Es sano chocarse con la realidad que nos rodea. Nos ayuda a ser mejores personas y a alejar a las personas tóxicas en la medida de lo posible.

Algún día nos arrepentiremos. Todos. Y digo “todos”, pero me voy a excluir, porque yo sé perfectamente mis errores. El karma devuelve las hostias, y a mi ya me las ha devuelto. Escribo esto con una gran sonrisa, porque es la mejor hostia podría haber recibido. Soy feliz y, aunque no sé por cuánto más tiempo diré esto convencida, espero que cuando llegue el momento de negarlo (que por descontado que llegará), sea capaz de lidiar con el problema lo más individualmente posible. Gracias, enero.

P.D.: Solo quiero añadir que no estoy dispuesta a prometer que yo no estaré ahí para los que no han estado para mi. Me considero una buena persona, y si estoy por alguien será por mi bienestar personal. Porque me gusta ayudar a la gente. Porque yo no soy ningún karma, yo soy un humano.

sábado, 20 de enero de 2018

Larva_1

Dijiste que a veces no sabías cuando parar. Y tenías mucha razón.

No sabes cuando parar de ser tan rotundamente insistente. Disco rallado. Siempre con el mismo discurso, hablando desde la cátedra pero en un taburete. El taburete de tu reino, porque no es más que eso. Ese mundo que te tienes montado en tu mente es un taburete que te eleva veinte centímetros del suelo. Y ya te crees Dios.

Analizando a la gente desde tu punto de vista de insensible. Diciendo que tú también has tenido el corazón roto. Rasgado no es lo mismo que destrozado, cariño. Visualizando los pensamientos, las acciones y los problemas de los demás como si fueran tuyos. Y no lo son. Por suerte.

No entiendes las correcciones. Tú eres el único capacitado para decirle a la gente qué se debe hacer en todo puto momento pero a ti nadie te puede decir nada. Es una barrera invisible que te has creado para tener al menos un buen problema que contar. Porque claro, solo sabemos lo que cuentas.

Explicas tu vida a cada nueva persona que sabes que pasará por ella. Hay tanta gente en esos capítulos que ya no sé quién me conoce cuando me ve por la calle y quién no. Y qué deben pensar de mi. Porque tus historias no son felices, al menos no para los demás.

Todos somos unos desestabilizados, unos enfermos mentales, unos locos. Unos cínicos. Tú siempre intentas ayudar pero, ¡sorpresa!, nunca lo logras. ¿Y por qué? Porque das consejos de mierda. Te llevas a la gente a tu campo de batalla, les entrenas, los adoctrinas, les haces creer que tienes el elixir. La solución a todos sus problemas. Y cuando ves que las bestias se hacen demasiado indomables, ya sea porque ven que nada funciona o porque se hartan de estar en la misma burbuja siempre, esperas a que se aburran de ti. O mejor, te aburres tú de ellos y los añades a tus tomos. ¿Cuántas ediciones debes llevar ya? Porque, sin duda, te encanta contar la historia de tu vida. Desde tu punto de vista, claro. Autoría, traducción, edición y publicación: todo por ti.

Y mejor no hables. No contestes. No digas nada. Que estás más guapo. O en realidad no, pero qué más da. Hartas. Hartas mucho. Hartas hasta la saciedad. Te repites demasiado.


Menudo bestiario te estás haciendo. A ver cuándo despiertan las fieras.

sábado, 13 de enero de 2018

Shoutout_1 (nit1.docx)

Ya no sé cómo pedir ayuda.

Estoy agotando todas mis fuerzas. Pensamientos que no debería tener empiezan a invadir mi mente estos días. No me gustan, y tengo miedo de que me puedan gustar.

Voy a días, la verdad. Hay algunos que me encuentro bien, todo es más fácil y ameno. Generalmente, esto me pasa cuando estoy ocupada. Pero cuando llega la noche, o el fin de semana o, simplemente, el tiempo libre, pierdo el control sobre mis emociones.
Una frase de alguna canción de desamor puede hacerme llorar, una cita de un libro puede hacerme pensar y un lugar puede hacerme recordar.

Ya me lo decían algunas personas, que esto era un punto muerto. No puedo volver atrás, pero tampoco veo cómo seguir hacia delante. ¿Entonces qué? He intentado confiar en la gente, y cada vez me quedan menos personas a las que explicarles cómo me siento. Cada vez que me siento triste o mal parece peor que la vez anterior, incluso parece completamente nuevo. Así es como lo siento, y esto cuesta de explicar. Inefable.
Las personas en las que más he confiado me están empezando a fallar. Ya sea voluntariamente o involuntariamente. Y empiezo a confundir las intenciones de cada uno. Algunos me ignoran, otros me critican, otros solo están para escuchar lo que se cuece y mantenerse al margen (o peor, opinar) y otros tienen ya suficientes problemas en sus vidas como para hacerse cargo de mi.

Necesito ayuda. Necesito urgentemente que alguien me diga que me pasa. Necesito crear una dependencia sobre mi subconsciente a partir de órdenes de otros subconscientes. Que me digan qué hacer para dejar de estar así. No puedo permitirme seguir de esta forma mucho más tiempo.

Mi creatividad aumenta, pero todo se revuelve y se confunde. Todo lo que hago suena similar. No me gusto, en ningún sentido.


Estoy completamente bloqueada. No sé cómo continuar a partir de aquí, y las pocas opciones que me quedan me asustan. Asustan a cualquiera que todavía esté cuerdo.