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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Aflicción

¿Hay alguna sensación mejor que la dicha? No lo creo. ¿Pero cómo de conscientes somos que estamos siendo felices cuando nos sentimos bien? Podría formular preguntas similares: ¿por qué cuando no nos encontramos mal no le damos tanta importancia a nuestro estado? Y, ¿por qué echamos de menos cuando notamos que nos falta algo?

Hay una extraña satisfacción en el simple hecho de sentirnos tristes. Y esto me lleva a introducir una nueva palabra: la hipofrenia: sentimiento de tristeza sin causa aparente. A veces nos gusta estar tristes. No es nada masoquista, ni mucho menos.

De hecho, es parte de la vida.

Serán siempre estos instantes de inseguridad y dolor los que nos recuerden que la vida no es perfecta. La vida es eso: la oportunidad de aprender, equivocarse y rectificarse. Existencia solo hay una, y es nuestra tarea vivirla al máximo.

¿Qué sería de los momentos felices sin los que resultan más amargos? Probablemente no disfrutaríamos tanto de ellos, y viviríamos en la monotonía. Como si vivir fuera una rutina. Y, de hecho, es justo al contrario: vivimos para cambiar. Para cambiar nuestro día a día y hacerlo especial y diferente a todos los demás; para cambiarnos a nosotros, a nuestra manera de pensar, nuestros gustos. Para cambiar el mundo.

Son los momentos dolorosos los que nos hacen recordar quienes somos y porqué estamos preparados para todo lo que venga. Y es que no hay mal que por bien no venga. Nos enseñan a ser fuertes, a creer en nosotros, a sonreírnos a nosotros mismos y a ironizar los problemas, como si no fueran más que algo pasajero e insignificante. Nos enseñan a sentir, a notar que algo no va bien y que por algún motivo tendemos a lamentarnos y llorar cuando algo negativo ocurre en nuestro entorno.

Son estos mismos momentos lo que nos enseñan a caernos y a levantarnos. A reflexionar sobre la caída y a superar la que esté por venir. Porque si piensas que va a ser la última, vas muy equivocado. Habrá más, muchísimas más. Y cada vez más fuertes. Serán visibles tus heridas y cicatrices, y es tu decisión sentirte orgulloso de cada objetivo que superas o vivir en las sombras de la desdicha.