Tengo poco claras las cosas y pocas cosas claras. No voy a mentir. Pero si de una cosa estoy segura, era de que yo le había querido más.
Yo sabía la forma de su rostro, su manera de sonreír, la silueta de su nariz, de sus cejas y de sus labios. El color y la dirección de su pelo.
Yo sabía las constelaciones que formaban sus pecas. Las repasé tantas veces con los dedos y con los labios…
Vi el recorrido de sus lágrimas, y el de sus risas también. Supe todas las arrugas de su frente y de sus comisuras. Aprendí hasta el último gesto que hacían sus ojos para ocultarse del sol cuando daba de cara. Y el movimiento de sus manos para apartarse el pelo de la cara cuando iba despeinado.
Y quizá él también sabía todas aquellas cosas suyas.
Pero lo que él nunca sabría era la belleza del color de sus ojos. Él nunca entendería porqué los quise tanto. Me enamoré de la manera en que me miraba, de la forma que tenía de verme. Pero también lo hice de sus ojos cuando me observaba.
Era una mirada insondable, que parecía avizorar mi alma en busca de algo escondido.
“¿Sabes que las pupilas se dilatan cuando vemos algo que nos gusta?”
Sus pupilas se dilataban, sin duda. No sé si las mías lo hacían, imagino que sí. Nos solíamos besar en la oscuridad. Evitábamos la luz porque nuestra luz éramos nosotros mismo. Yo la suya y él la mía.
Y sé que suena poético hablar así de alguien tan simple por fuera. Poco complejo hablando, poco rebuscado y muy poco observador. ¿Pero sabes qué? Él estaba roto, y eso le hacía dejar de ser simple, a veces.
No sé si alguna vez llegué a conocerlo, pero volveré a imaginar que sí. Mi eterna curiosidad y necesidad de saberlo todo me llevó a formular una pregunta varias veces: “¿hay algo que no me hayas contado nunca?”. Y su respuesta fue siempre la misma: “no”.
Quizá sí haya cosas que no sabré nunca. Quizá pretende quedarse roto para siempre. Por de pronto, nunca voy a saber qué pensó cuando dije adiós y no quiso contestar.
Dicen que quien ríe último ríe mejor. Yo nunca reí, pero tampoco estoy riendo ahora. Supongo que no hay “último” en algo que no termina.
The xx.
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